sábado, 30 de agosto de 2014

Cápsula Nº 27: El proceso creativo: el síndrome de ver lo invisible y realizar lo imposible.


Ensayo de Aníbal Velásquez, médico
Fragmentos


“Este síndrome de ver lo invisible es impulsado por una fuerza, una motivación por un ideal, por un ansia de conocer y de transformar su mundo; se caracteriza por ser un proceso creativo donde la imaginación creadora permite ver más allá del tiempo y del espacio, basada en una flexibilidad de pensamiento y en una gran capacidad de analogía que integra tanto la información externa como la elaborada por el mismo individuo y que culmina en un acto intuitivo o iluminativo"

"El síndrome de hacer lo imposible se caracteriza por ser la consecuencia de ver lo invisible; es el momento en que se materializa la imaginación y se ejecuta la idea; es el instante de la comprobación de las hipótesis, y en que se muestra al mundo el nuevo descubrimiento, la innovación, la nueva concepción, o la nueva teoría. El que se encuentra afectado por este síndrome, realiza lo que para muchos era imposible, como consecuencia de una gran perseverancia y capacidad de superar la frustración"

"El talento capaz de crear algo nuevo, se caracteriza por una imaginación creadora altamente desarrollada, y se puede manifestar en cualquier esfera”


“¿Cuál es la causa de que un hombre sienta la necesidad de ver lo invisible y de hacer lo imposible? Parece que la causa de este síndrome se encuentra en la fuerza motivacional por alcanzar un ideal, en el argumento de vida que los hace diferentes”


"Una de las más fuertes motivaciones de los verdaderos hombres de ciencia -decía Einstein- para entregarse a la ciencia es el ansia de huir de la vida de cada día, con su dolorosa crudeza y su horrible monotonía, es el deseo de escapar de las cadenas con que nos atan nuestros deseos siempre cambiantes. Una naturaleza de fino temple anhela huir de la vida personal para refugiarse en el mundo de la percepción objetiva y el pensamiento. Este deseo debe ser comparado con el ansia que experimenta el hombre de la ciudad por escapar de un entorno ruidoso y estrecho y dirigirse hacia el silencio de las altas montañas, donde los ojos pueden vagar en el aire tranquilo y puro y apreciar el paisaje sereno, que parece hecho de eternidad”


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