miércoles, 19 de agosto de 2009

Me quedé con uno...

Es curioso el olor de la carretera que te aleja de esta Caracas con problemas respiratorios. Es olor a lejanía que se amalgama con un movimiento en verde. Estuve relajada y a gusto con una playa como decoración. Con un sol que de vez en cuando me acariciaba mientras yo, distraída y descortés, lo esquivaba. La luz se intimidaba por un día escurridizo.

Caía la tarde en colores sobre el oleaje y juro por quien esté leyendo esto que no hay mejor programa que ver ese cielo purpurado de gloria. Quien portaba la cámara afortunadamente estaba conciente de cuan necesaria era para registrar aquel milagro de matices. En un momento cualquiera me ausenté para dedicarme a confiarle todo a mi memoria.

Estando en primera fila no fue difícil. Todas las imágenes se tomaron de la mano con mi imaginación, que es pretensiosa y reservada. Que se nutre con acontecimientos que si bien pueden parecer huecos para algunos, para mi significan un retrato sublime. Porque no hay un atardecer igual a otro. Porque yo me quedé con uno.


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jueves, 13 de agosto de 2009

GNT

Observar a la gente es una ceremonia casi casi hipnotizante. Encuentras desde miradas trasnochadas, hasta sonrisas plastiquísimas. Te pueden atropellar piropos que, por más que disimules, te arrebatan una carcajada, cuando a la vuelta de la esquina te sorprende un cálido “buenas tardes”. Las miradas rodean al tipo con pinta de turista descomplicado que con solo una guitarra garantiza su supervivencia, además de despertar el romanticismo infiltrado en la indiferencia de algunos con caras de pendejos. Ya no me sorprende el rostro inexpresivo de la cajera, que cree que mirar a los ojos a su cliente es un acto suicida. Abusa de mi lástima un amigo caminante que sucumbe en el sueño sobre su lecho de concreto. Y me pregunto qué soñará.

Gente. Mentes. Mundos.

Algunos parecen estar absorbidos por un horario. Sus días son un ciclo que se cierra diariamente al programar el despertador. Hay otros que descuidan sus prioridades y se lo hacen saber al mundo. Otros me desconciertan, hablan mucho y les entiendo poco. Y están los que, por el contrario, dicen solo lo necesario, pero no hay quien los entienda. La calle está plagada de ellos, de todos, de gente como tú y como yo, que es capaz de hacer una fila kilométrica detrás de la escalera eléctrica, habiendo mil escaleras tradicionales despejadas y a toda disposición.


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lunes, 3 de agosto de 2009

Paréntesis



Perteneces a la sociedad de los que no se trasnochan buscando su verdadera identidad, pretendiendo sólo aquello que se forja a base de tener que ser original o “diferente”. Tú eres lo que veo y no te preocupas por mostrar sólo lo bueno. Eres un mente cuadrada que, sin tapujos deja ver kilómetros y kilómetros de su pensar. ¡Y me gusta! Me gusta que seas terapéutico, sedante y asombrosamente relajante. Si, ¡tú!
Quien de pronto dejó de mirarme de soslayo.
Y a quien quiero mecer en mis pestañas,
para conservarlo en un rincón
especial de mi memoria.


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