lunes, 7 de octubre de 2013

Benditos labios rosa

Me vuelvo déjà vu en tus frases concubinas de mi eterno delito: la ingenuidad. Con frío de luna y el cuerpo siendo todo aquello que siempre quiso ser: ausencia, tiempo, avión. Qué bueno es cuando se sueña que se está en el cielo de algún cielo, que la espera no existe y el infinito queda a la vuelta de la esquina, en el compás de un vaivén, a la sombra del siguiente árbol que no tiene un por qué en ninguna parte.  Me gusta quien soy contigo, te lo repito, te lo canto, te lo digo en versos, en besos y desnudando mi cuello para que se convierta en el azar de tu boca, qué bueno es convertir mi sangre en vino del fino en honor a tus benditos labios rosa.

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sábado, 22 de junio de 2013

Los calvos


A ver. Tienes que aplacar con agua el copete que te deja la cama y retirar con la punta de los dedos las hebras de la almohada. Luego usar peine y en consecuencia ver cómo se va formando en él una desagradable maraña con el tiempo. Lidiar con la caspa para los de cuero cabelludo reseco. Pretender que crees en las promesas ridículas del champú, que si liso de seda de gusano egipcio, que si rizos de lingotes de oro suizos, que si hecho a base de trigo de praderas tibetanas, con germen extraído con el pie izquierdo de niñas vírgenes. Cualquier vaina.

¡Y viene más! Intervenir el look se convierte en prioridad llevados por la creencia de que con el pelo se van las malas rachas y las penas de amor…o para dar con esa sensación de renovación al asociar reducción de melena con fenómenos de luna llena. En fin, pelo.

Por el pelo aprendimos a salir con falsa satisfacción de un lugar donde la laca se revuelve con el terrible vaporón de un penetrante aroma a fibra rostizada que, en una sola nube, se enreda con música latina, risas y conversaciones imposibles. La peluquería y sus eternos acomodos, su dinámica traicionera, su incansable bullaranga y sus “puntitas” recortadas kilométricamente.

Hoy expreso mi más sincero respeto a todos los calvos del mundo quienes solventaron dejar al desnudo la brillantez de su frente extendida para burlarse en silencio de nosotros.

Esa gente sí que es feliz.  
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domingo, 2 de junio de 2013

Junio Veintitrés

Los vicios y su insistencia en hacernos su fetiche, su juguete sin pataleo. Tu cara, por ejemplo, mirándome como contemplando una tierra recién descubierta que pasó de ser misterio a salvación, de tragedia a gloria. Podría entregarle a la vida mi memoria, y dejar atrás lo que vaya viviendo justo en su momento, vaciarlo todo en un espacio optimista que se quede con lo bueno y deseche lo que no distinga, aprecie o comprenda. 

Hay vicios a los que me entregaría sólo por hastío al resto de las cosas que no me gustan, como dar explicaciones, hablar o fingir simpatía por algo que a solas no me causaría ni la menor chispa de risa. El vicio de la mudez, de escribir y escribir y escribir y escribir y escribir y sentir que con escribir respiro. Embriagarme de este silencio siempre tan consolador y oportuno entre mis labios. El vicio de ser mulata y no cambiarlo ni que pudiera. El vicio de contraerme en llanto por experiencias frescas. De ser constante hasta despellejarme, por pasión o terquedad, haciendo valer el primer paso con el resto de kilómetros recorridos. El vicio de narrar el trayecto, de ponerle comas a los barrancos y suturas a los cuadros moribundos que la memoria de arriba no quiso sostener.

El vicio del intento. Por ejemplo, podría intentar labrar mi camino y dejar de recorrer el tuyo, de usar tus zapatos, de mirar por tus ojos y pensar con tu cabeza. Podría. Me gustaría dejar de tener el esófago obstruido de tristezas, las ganas queriendo tomar forma y acabar con esta rabia palpitante en una escena de crimen perfecta que arme con mis propias manos.

Me entregaría al vicio de retirar balas de mi cien y convertirme en el proyectil que asesine tantos delirios. Entregarme a la torpeza de ser sólo yo, feliz en la franqueza, roja de risa sincera, desnuda bajo una luz bajita, flotante, dándole aplausos a mi euforia por árboles con nariz y cielos cenizos, inyectando de sentido los instintos, tolerando mis breves episodios de …bueno.

Podría entregarme al vicio de dejar el tiempo correr, de tocar con calma eterna mis pezones bajo jabón, de venir a hacer aquello por lo cual he nacido, de sofocar mis osadías y pudores en la misma cama, de dejar a la orden de la depresión mis musas súper putas, de echarme a andar en paz porque se que nadie me espera.



Entregarme al vicio desesperado de ser feliz.

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sábado, 30 de marzo de 2013

Resumen toronja


Me gusta la piel blanca, se les transparenta el sonrojo, el calor, la euforia y el enojo. Me gusta que se encienda cuando grita, cuando la presionas y se ramifica la sangre rápido, convulsionando las venas en ese intenso son de verdes pálidos  y circuitos lila. Las puntitas de los dedos se crispan con el frío pintando un resumen toronja a lo largo de  la huella digital. El contorno de las cejas se expone rosa cuando lloran, las boquitas se inflaman de forma curiosa con el mentol de la crema dental, con la astringencia de algunos líquidos, después de bostezar y recogerse en su propio incendio, o con el simple roce de otra boquita tocona cuya obediencia se desarma para morder a tajos, con tierno e irreversible desespero. Cuando chupan hielo, cuando se aprietan por la risa, cuando se alivian la resequedad con la lengua sanando las grietas dejadas por el calor. Cuando se estremecen ante una duda intermitente. Cuando se preparan para saborear. 
En fin. 
Sólo quería ofrecer mi pensamiento como la reliquia que tu palidez conserve.  

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domingo, 10 de marzo de 2013

Colecciones

En todo hay colecciones. 
¿Qué coleccionas tú?
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jueves, 7 de marzo de 2013

Affaire



Entre el voltaje de las luciérnagas y el abanico nocturno de sonidos sedantes se despiertan tus manos reescribiendo en mis costillas ligeras la divina comedia. Es como el suave oleaje que no pide permiso para acariciar, el gusto fresa que a la  saliva embriaga, así se tratan las pieles que entre sí se calman. Fresquito el aliento al pronunciar este pedazo de texto que no es ni poesía, ni pintura, ni canción. La implosión de un orgasmo silencioso dicta este deseo traducido en un beso carmesí que a tu oreja victimiza y tu delicado descaro retrata.

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El acento de Jesús

Con desfile de gato dejas una carga indescifrables en el aire tras tu falta.  Asumes, niegas, aplaudes y entre tanto, engañas. Miras con suspicacia, sólo Dios sabe qué pasa por tu mente viciosa, qué predice tu malicia, que dictarán esos labios infernales. Tienes como primer defecto el ser tan inolvidable, el silencio mortuorio que deprimen mis preguntas ante tus jamases. Fuiste misterio. El acento de Jesús y el porqué del universo.

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viernes, 25 de enero de 2013

Té de tilo


Aquellos fenómenos de los sueños…

Las caídas libres y los mares hechos de grama, el gritar sin voz y las tormentas de arena donde la arena no lo es, sino proyectiles de agua que acompañan el trinar de criaturas a las que les sobran patas. Quintos pisos sin techos y una que otra mala jugada binaria. Rostros desconocidos y miedos ambidiestros, terrenos baldíos y otra vez esos gritos que chocan y rebotan en lo plano de un mundo inventado por los circuitos de tu cerebro descansando de tanta realidad cuadrangular. Los sueños son el expectorante a lo normal. Bienaventurado aquel que sueña, que encuentra en ellos otros ritmos cardíacos,  otras consonantes, otros colores, nuevas maneras de respirar, de andar, de disparatarse, de despilfarrar porque todo sobra a medida que va siendo creado. Bienaventurado aquel que se sirve de lo deseado, que camina al revés, que come por el estómago y digiere en la boca ese suculento manantial de contenido harto de placer.    
Y no queda peso en el alma, sólo una fragancia diáfana, esa melancolía que todo lo retrata y salpiques de episodios huérfanos en un cráneo tornasol. Esa burbuja magnética en la que caes absorbido por té de tilo desde la esencia lavanda de tus sábanas blancas. Los reflejos eléctricos que te mueven la boca, las persecuciones que estremecen las pestañas, aquel frío violento que se escurre por la espina dorsal, y los ires y venires de pelvis que nos hacen apretar la almohada. 



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