jueves, 17 de diciembre de 2009

A los ojos
















Los ojos, el epicentro de nuestro encanto, los que reflejan la pulcritud o el tizne de eso que llaman alma y que pueden operar bajo el mando de una emoción o un simple desvelo. Es entonces cuando rondan por las yemas de mis dedos un sinfín de antagonismos sobre lo que puede estar -o no- sucediendo debajo de mi tórax. ¡Cómo se puede atravesar una muralla de piel, músculos y huesos con tan sólo una mirada a través del salón! Algo así como una luz extraviada que encontró acomodo en este pulso mío, que con nada se agita, y no necesita de palabras para entender la advertencia de los ojos, focos de nuestro palpito.


[ ]