domingo, 5 de diciembre de 2010

Cosas de la vida


Cuando las olas se estrellan contra las rocas, se siente una descarga proporcional a pegarle un puñetazo a alguien en la cara. Ellas muerden y se siente el sabor entre bucles y moños de espuma. La furia con que rugen es pura ironía concluída en salpicaduras diminutas pinchando los pies.

La combinación de sonidos consistía en reclamo de tenores, redoblantes en plena marcha, floreros cayendo al suelo, cornetas citadinas, y, pues, la música natural de una tempestad. El agua lucía como una señorita claustrada en su falsa inocencia, que un día cualquiera decide que es forastera. Hería las palmeras con tal fuerza que los desahogos se desnudaban con cada embestida, se sentía bien ver ese revuelo de absurdidades en la orilla y divisar al mismo tiempo en la lejanía una calma hipócrita contorneada por esa silueta que le arrojó la primicia de redondez a Cristóbal Colón. El oleaje era una danza redundante y desordenada, se movía con rabia, se despertaba cada 10 segundos en un estruendo de locomotora que pasa, pisa y mata. Olía a aire. Convertía el lugar en el aposento perfecto para los interesados en fabricar odas y nutrir su bohemia, bohemia pura. 

Era fácil caer en esos malestares humanos de reflexionar y como consecuencia hablar sobre “cosas de la vida”, cuando la cortina es un atardecer multicolor y la música se postula para musa. 


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5 comentarios:

  1. es increíble como el agua también nos inunda por dentro.

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  2. cuando la cortina es un atardecer multicolor y la música se postula para musa. ♥

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  3. Lo que llevαmos dentro & no puede fluir...

    Me gustó:))

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  4. "y nutrir su bohemia, bohemia pura. Era fácil caer en esos malestares humanos de reflexionar y como consecuencia hablar sobre “cosas de la vida”"

    interesante, me pasa exactamente lo mismo
    (salvo que divago entre cosas más mías ja)

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