miércoles, 22 de diciembre de 2010

Cuentos de carretera



Qué espesa se ve la neblina y más cuando parecen los carros piezas fantasmas que se les dificulta pasar a través de ella. Las luces viene de a dos, con ojos de insectos, la neblina parece hecha de la misma masa lechosa que adorna el cielo, como nubes terrenales que improvisan en una danza imprudente en el transcurso de la velocidad. La gente se mata afuera, toca la corneta hasta despellejar la paciencia. Decido minimizarme en un jalón de nicotina sin dejar que ni pequeñas, ni grandes, ni cotidianas, ni paranormales sucesos me acongojen. He creado un puente muy sólido entre el sentido de apego y el alma como para saber distinguir qué pertenece a mi mundo y qué no. Lo que no, lo conecto directamente al sistema intestinal. Que viaje más largo, qué frío más penetrante, que sonrisa más grande llevo dentro, porque he entendido finalmente que soy la optimista más triste que existe, descubrí mi capacidad para separar de los escombros la histeria de la dicha…mira, es como si del caos, tuviese la prudencia de colar palabras e ideas que en condiciones normales jamás subiese concebido. Me alegra tanto saber que, de la basura ajena extraigo mi materia prima. Ojalá que, al menos por hoy, desaparecieran los lugares a donde llegar. Quiero seguir en la carretera, hacerla una línea constante, desaparecer las fronteras.  



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3 comentarios:

  1. Al leer cosas como estas solo puedo decir... ¡QUÉ VIVA EL METRO DE CARACAS! ¡QUÉ VIVA!

    HAHAHAHA.
    RimaréPa'Seducir.

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  2. dela mejor manera se puede pensarlo peor, pero nuay lío en dejarse llevar, son males de ciudad.

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  3. Excelente meha impactado tu relato :P

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