domingo, 16 de enero de 2011

Artbol -Parte I-

Los árboles no se aburren. Somos ingenuos al creer que sólo hacen lo que vemos:  estar parados allí, meter los brazos en ventanas y balcones, quebrar el asfalto, convertirse en el meadero de perros holgazanes, florero de jardínes y parques, carpinteros para enamorados que tallan sus iniciales sin pensar en los finales, poseer la dicha de ser tu mesa, tu silla, mi lápiz, mi puerta, nuestra cama, el alma de Pinocho, la inspiración preescolar más cliché para dibujar al lado de una casa de techo triangular, el aeropuerto de aves, el sostén de los columpios, tu escondite y el mío alguna vez. Podría detenerme a chequear por qué huele a quemado pero qué más da… si se quema esta casa, me voy a la del árbol, donde pernoctan los que ya sufrieron esta reflexión.


“Así pues, los invito a ustedes a la comprensión. La imaginación les abrirá las puertas de los paraísos elementales de la Naturaleza, pues con la imaginación tratamos de distinguir un árbol; si meditamos en el mismo veremos que está compuesto de multitud de pequeñas hojas; más si algo logramos ahondar, un poco más, y ver la ver la vida íntima del árbol, no hay duda de que este posee eso que podríamos denominar "Esencia o Alma”.  
El mundo de la mente, Samael Aun 


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1 comentario:

  1. Aún asi prefiero a los arbolitos sembrados y con forma de arbol... he pasado buenos momentos bajo la sombra de ellos :)

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