martes, 28 de octubre de 2014

Cápsula: N° 36: El desvelo

Llega la noche, la Tierra descansa, los mares se agitan, los bares se llenan, todos duermen, pocos sueñan mientras llueve, y tú…te desvelas sosteniendo una copa con la mirada zambullida en ese Merlot.  

En tus maletas caben estos tres días y las paredes que habitaron. Cabe tu idioma enredado en mi castellano, tu humor irremediable, esas aburridas películas de culto y uno que otro portaretrato con las morenas que te faltan por follarte. Vamos, es hora de que digas ci vediamo a todo lo que queda detrás de la puerta, ya sabemos distinguir entre la soledad, la calma y el abandono; sabemos que el abandono, por ejemplo, llega cuando la nariz se nos ha obstruído de frío, rabia y polvo. Sonríe a todas, calienta a varias y quiere a quien encuentres en cuanto esperas a quien amas:
Una criatura que por fin cierre los paréntesis de tus silencios caprichosos, que sin mayor pretensión te cosa el corazón al pecho para que se reviente en cada latido, que te inyecte morbo en los ventrículos hasta vaciarte por completo en su belleza, que te atolondre entre sus piezas como quien se divierte con el oponente en una batalla campal de ajedrez. Hipnotizado, sumido en el más insólito de los idilios, compartiendo violentas inocencias, más vino que el que tu lengua ha catado y madrugadas que sabrán deslizarse entre las sábanas para cada nuevo cambio de piel.

Nítida.

Te encontrará en un buen momento de su paso por la vida, te escribirá poesía, te tocará como escriba, le rendirá homenaje a tu cuerpo cada vez que sienta en su cara un nuevo resplandor. Sus besos, que ni si quiera de haberlos imaginado se acercarán tanto a lo que recibirás, serán torrentes sanguíneos encharcándote los labios con una especie de agonía furiosa enjuagada en gemidos más exquisitos que los de la noche anterior. Cuando llegue traerá consigo un anticipo de absoluta dicha, te devorará la sonrisa de un bocado, te ensordecerá cada célula en un conjuro, ni debajo del agua escucharás el clic clac de tus circuitos y será cuando sientas el dulce desvelo en los párpados. Por más adormitado que estés, vivirás para conservar lo sacro de su existencia entre los vicios de tu memoria. 

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