domingo, 7 de noviembre de 2010

Sin daños materiales



En la madrugada los objetos se emancipan. Adoptan un poder único en su propia figura, dejando ver su naturaleza en la función que les fue encomendada cuando gritan a esa hora, ¡porque lo hacen!. 


De verdad lo hacen.




Advierto, no sé a qué viene esto, pero averigüémoslo. En el espacio inerte de la noche, a eso de las tres de la mañana, los insectos orquestan su idioma, es aire eso que se ahoga en un susurro encapsulado, que no hiere pero pega fuerte en la frente, y resbala en los pies. Los objetos descansan también. Posan su maquinaria en el suelo, desterrando la energía, acusando al ensamblaje de hacerlos así, se quejan de prender, apagar, ser rígidos, automáticos y retráctiles. Se tensan, intentan librarse como un maníaco de la camisa de fuerza. Reniegan pero se resignan. Qué dolor causa gritar y no ser escuchado, sino ver salivar al silencio en el suelo. Cambiarían todo por ser…un libro por ejemplo. Con piel, tripas, cocidos, tinturados, nutridos de conversaciones, productores de emociones, poliglotas y cómplices, protectores y pregoneros de secretos. Libros, piezas igual de subestimadas, pero cuya vida útil no se limita a funcionar de día y seguir mudos con la mirada a gatos burgueses de noche. Boo.


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6 comentarios:

  1. Pobres objetos. Les ocurre lo mismo que a los replicantes de Blade Runner.

    Besos.

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  2. a la larga no sabemos donde va todo mientras dormimos.

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  3. Siempre me pregunté qué pasa cuando cierro los ojos.

    Toro Salvaje, totalmente de acuerdo!

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  4. Y nosotros cuando estamos dormidos a las tres de la madrugada... ¿También nos pasa todo eso?
    Desde Marte
    Mirna

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  5. Esta imagen es demasiado brutal... me encanta =)

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