martes, 12 de octubre de 2010

Sombra de trapos mustios

Una sombra confiada entre las hojas se ha caído del árbol. Qué imagen más graciosa ha enmarcado en el cuadro que cuelga hoy de mi sala. Fue un buen día para haber decidido sacar mi cámara por algo más que la acostumbrada ida y vuelta al café del frente. Recuerdo que reventó su cabeza contra el suelo formando un bullicio musical para el sadismo de quien pudiese disfrutar el dolor ajeno. Aquello fue tan estruendoso que el sonido se exhuma del recuerdo con facilidad. Nadie intentó levantarla, prefirieron rodearla y mencionar, con falso heroísmo, posibles daños craneales, sin atinarle a nada. Sin huesos no hay fractura. A pesar de eso, parecía temblar adolorida, desparramada en la porosidad del asfalto, pobre criatura y su miedo jugando a verse fuerte ante noi. Al levantar la cabeza, desvarió por un momento y así quedó, imperfecta creyéndose normal. Perdió en el golpe el gen de la vergüenza, a lo que decidió vagar de caparazón en caparazón, de esqueleto en esqueleto, de susurro en susurro. Intentó parearse con sustancias, emociones, zapatos, neumáticos, faroles, troncos de árboles, acero inoxidable…hasta murmuró en la misma dirección del viento convirtiéndose en una de sus partículas viajeras. Estuvo en busca de un cuerpo digno de habitar y, al abalanzarse contra la gente, supo que la piel humana era ideal. Éstos se sacudían al sentir la intervención de una energía que apenas descubría la lámina de carne maleable y cálida de la que estaban hechos, como un delicioso compendio de olores propios, prestados y alterados por algún menjunje francés. Encontró una piel quita y pon, impermeable, que la helaba más la brisa que la añoranza. La sombra había dado con un cuerpo vacío, sin residuos de penurias, recuerdos fatales, pesares ni pestilencias de madrugadas obscenas; un cuerpo que no vestía de reverencia para ir a trabajar de corrupto. En medio de su retorcida prisa por ocupar un espacio, encontró… 

A ella le faltan las luces, pero colecciona luciérnagas con suiche.

Esa doña canosa se sentó un día cualquiera en la plaza a esperar quien sabe qué. Esperó tanto tanto (¡tanto!) que los postes la invitaron al té y su buen humorada resignación se tomó dos tazas o más. Esperó aún sabiendo que mientras pensaba, nadie la pensaba. Era como saber que el otro está teniendo sexo mientras tú haces el amor. Boceteaba en el aire un arte en rehabilitación de musas danzantes que cantaban rock and roll. Se sentía invocada por miradas de personas desconocidas y a menudo desesperaba ante la energía recurrente de estar en deuda sin estarlo, de creerse la mala que hace daño a mansalva. Sensaciones, nomás. Se encogía de hombros, sosteniendo por largo rato el zapateo nervioso que, ni con esfuerzo fotográfico, combinaba con su dulcísimo mirar. Su piel estaba contaminada de polvo, rasguños y costras, una pieza imantada de ternura pura, extra sensible al roce, intocable de asco. Los transeúntes cumplían la función casi exacta de verla de reojo sabaneando la acera al pasar. Así es como una sombra puede ser la de otra. Una mezcla rimada de ser tan sólo una mancha, la voz del anonimato, un guiño a la decadencia de la ciudad, el vivo ejemplo del ser sin estar…del estar sin existir. Rodearse de gente desconocida, conocida, o estar sola da lo mismo. Es ironía entre trapos sucios, desaparecer en un mundo repleto de seres idénticos: dos brazos y dos ojos, boca y cabello, anhelos y pantanos espesos en la cabeza. 


Ella es un músculo que sin sangre palpita, un cadáver que aún puede respirar.


[ ]

6 comentarios:

  1. a veces entre tu lineas me pierdo de a poco... prop me engancho...

    a veces no se a bien que parte de todo el cuadro miro y de pronto estoy dentro de todolo que describes

    al unìsono


    besos!

    ResponderEliminar
  2. Más o menos entendí la cuestión. Me imaginé un ser parecido al de las aventuras de Chihiro, una película animada japonesa ganadora del Oscar hace un tiempo. http://bit.ly/b1d4x5

    Firma?
    PanicSwitch.

    ResponderEliminar
  3. Pobres sombras.
    Siempre tan poco valoradas.
    Un día se cansarán y nos dejarán solos de verdad.

    Besos.

    ResponderEliminar
  4. ay, después de leerte busqué mi sombra preocupada, hacía tanto que no le prestaba atención... qué fiel, qué correcta siempre mi sombra, charco de olvidos

    ResponderEliminar
  5. Me dejó muy engɑnchɑdɑ tu escrito...
    sombrɑs nɑdɑ más :))

    ResponderEliminar