lunes, 15 de febrero de 2010

Mañana borro este post



Comienza uno a suspirar duro, como si quisiera liberar a la anatomía de tres toneladas de oxígeno. El alcohol pasa por la garganta, arrastrando consigo lo mejor de lo peor, arrastra gente y desdichas, y te lo tragas. Divina sensación. 

La piel, por cuartos de segundo se eriza, es sólo parte del cóctel de emociones, está tres veces más sensible, en conjunto con lo que era, hace minutos, una mente más o menos lúcida. Entonces hablas. Hablas con alcohol en la sangre. Y con sangre en las palabras, vomitas hasta el credo que nunca lograste memorizar. El pecho alcanza un calor que se disfruta. Se torna tibio todo el ensamble del tórax. Y pasa otro trago por tu garganta, por cortesía del dolor y un codo ligero en movimiento. Un ojo entreabierto es el detector de tus mentiras. Las que salen a flote y gritan que existen, que te hacen quedar mal y te plantan semejante bochorno en la frente. Nada que hacer. Allí estás, creyendo que puedes controlar tu verborragia, hasta que te das por vencido y eres tú el dominado...el títere de esta pesadilla etílica que de vez en cuando te trasforma desde las entrañas. No eres sino una hebra de cabello a la suerte del viento. Que vergüenza. 

¡La última y me voy!

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7 comentarios:

  1. Hasta que se te quita toda la tontería cuando vas y le comes el cuello a un chico guapo, que te gusta y con el que has hablado 4 veces en tu vida...
    Y tan bochornoso.

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  2. No lo borraste, y no lo borres. ;-)

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  3. jajaja y yo también lo volvería a hacer ;)

    salu2

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